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Ibn Battouta, el más grande de todos los viajeros

Shams ad-Din Abu Abd Allah Muhammad ibn Muhammad ibn Ibrahim al-Luwati at-Tanyi (مُحمَّد بن عبد الله بن مُحمَّد اللواتي الطنجي ) fue un tangerino viajero que pasó a la historia con el nombre de Ibn Battouta o Ibn Battuta (1304-1377). Fue definido como "el viajero más grande de todos los tiempos".

Entre sus muchos viajes desde que partió de su ciudad natal de Tánger, recorrió grandes distancias y diferentes tierras, incluidos sus viajes por la actual Turquía.

Al llegar a lo que ahora es Turquía, los viajes fueron realmente extensos. Su peregrinaje lo emprendió a la edad de veintiún años, fue solo el comienzo de una vida errante, que lo llevó desde Tánger a La Meca, pasando por Siria, luego Bagdad, el suroeste de Irán, y desde allí a Yemen, África Oriental, Omán, el Golfo Pérsico y finalmente, Asia Menor.

El viaje de Ibn Battouta a Turquía comenzó entre 1330 y 1331 cuando llegó al puerto de Alanya, en el mar Mediterráneo, a bordo de un vapor genovés procedente de la actual ciudad siria de Latakia, dejando constancia de que el viajero marroquí quedó fascinado por la región turca de Anatolia, describiéndola en sus escritos como "uno de las mejores regiones del mundo, Dios recogió en ella los bienes que están esparcidos en otras tierras.”

Desde Alanya, Ibn Battouta viajó a lo largo de la costa mediterránea de Turquía hasta la ciudad de Antalya, a la que menciona como "la ciudad más hermosa que se puede ver en cualquier lugar".

Luego, el viajero partió hacia el norte a través de Isparta, describiéndola como "una ciudad bien construida con hermosos y muy distinguidos bazares, numerosos huertos, árboles frutales y arroyos, con un castillo en una colina empinada".

Posteriormente fue a Egirdir, ubicada junto a un " lago de agua dulce”, consta que el viajero marroquí quedó impresionado "por la piedad del gobernante de la ciudad", Abu Ishaq Bey (fallecido en 1413), quien trató a su visitante "con gran respeto”.

Entonces Ibn Battuta se trasladó a Denizli, con un guardaespaldas proporcionado por Orhan Bey (1281-1362), el sultán y gobernador de Golhisar, debido al peligro de los bandidos, de la localidad comentó: ″no hay forma de llegar a ella excepto por un camino como un puente construido entre los juncos y el agua y lo suficientemente ancho para un jinete”.

Después visitó la ciudad de Ladik, mencionándola como “una de las ciudades más atractivas con sus siete mezquitas y sus elegantes mercados”.

Finalmente, el viajero marroquí viajó a Tavas, a la que calificó como “la gran fortaleza”, considerando que podría ser el hogar original de Shuaib, uno de los profetas compañeros de Mahoma.

Ibn Battuta luego regresó hacia el oeste a Muğla, y de allí a Milas, en el mar Egeo, que consideró "una de las mejores ciudades de la tierra", aunque hoy una parte está abandonada y se conservan sus ruinas.

También conoció la entonces basílica ortodoxa de Santa Sofía o Hagia Sophia, en la hoy Estambul, entonces Constantinopla, y la describió en su conocido libro de viajes. La basílica de Santa Sofía –patrimonio mundial por la Unesco desde 1985- es hoy museo y mezquita.

Constantinopla fue desde el 395 al 1453 capital de Bizancio como antes lo había sido del Imperio Romano en Oriente del 335 al 395. Desde 1453 y hasta 1922 fue capital del entonces Imperio Otomano.

Ibn Battouta estaba interesado en los aspectos religiosos y antropológicos de las ciudades y países que visitaba y la definió como “la gran iglesia”. Así la evoca cuando recuerda su conversación con el rey bizantino Andrónico III (1297-1341) en el cuarto día de su llegada a Constantinopla en 1332.

El viajero describe la ciudad en dos partes: "Están separados por un gran río, parecido al de Salé en el país del Magreb" (en alusión a Marruecos). "Una primera sección de la ciudad se llama ‘Galata’ y la segunda ‘Estambul’, que incluye la ‘Gran Iglesia’ llamada Santa Sofía".

La iglesia despertó un obvio interés por parte de Ibn Battouta, aunque se le prohibió entrar, ya que estaba restringido el acceso a los cristianos en ese momento. Después de haber podido cruzar su patio exterior, describe el edificio como "la iglesia romana más grande", rodeada por un muro, como un pequeño pueblo "con 13 puertas de entrada". Frente a estos accesos, el viajero describe a los guardias que "no permiten que nadie entre, antes de postrarse ante la cruz, que dicen ser parte de la madera en que Jesús fue crucificado".

Según las descripciones que recogió sobre el interior de la iglesia, el personal "está formado por miles de sacerdotes, algunos de los cuales son descendientes de los discípulos de Cristo, y también existe una estructura exclusivamente femenina".

"La costumbre real requiere que se haga una visita a la iglesia todas las mañanas, mientras que el Papa es recibido una vez al año en el lugar". Lejos de mirar con desprecio los rituales de los cristianos, Ibn Battouta los mencionó con claro aprecio y alabó la reverencia y piedad que los visitantes expresaban cuando acudían allí.

Además de la basílica, el viajero tangerino describió un monasterio fuera del recinto, que también se dividía en dos partes, una para hombres y otra para mujeres.

Es una descripción de un viajero musulmán, un testimonio valioso para la época en que Bizancio estaba bajo el dominio cristiano. Ibn Battouta dejó Constantinopla después de pasar un mes y seis días, durante los cuales recordó haber sido tratado generosamente por el rey bizantino.

Periplo viajero

Ibn Battouta dejó su casa natal en Tánger, en Marruecos, donde nació un 24 de febrero, a los 21 años en 1325, con el propósito de cumplir con uno de los cinco mandamientos de la fe musulmana, la peregrinación a La Meca, el Hajj, y ampliar sus estudios jurídicos en Egipto y Siria.

No volvió a Tánger hasta después de cumplir los 45 años, tras recorrer 120.000 kilómetros en 24 años en lo que correspondería actualmente a 44 países. Además del árabe dominaba el turco y el persa.

Luego partiría de nuevo a otros dos últimos viajes, por el entonces al-Andalus, desde Gibraltar hasta Granada, cruzando el Estrecho por Ceuta y el sur del Sáhara, en la actual Mali, llegando a Tombuctú.

Al volver a Marruecos en 1355, Ibn Battouta recibió del sultán meriní de Fez, Abu Inan Faris (1329-1358), el encargo de recopilar por escrito todas las experiencias de sus viajes. La obra resultante se tituló ‘Presente a aquellos que contemplan las cosas asombrosas de las ciudades y las maravillas de los viajes’ o ‘Regalo de curiosos sobre peregrinas cosas de ciudades y viajes maravillosos’, según la traducción que se haga. Es uno de los libros de viaje más conocidos.

Realmente pasó a la historia con el nombre de Rihla, ‘El viaje’. El texto fue dictado por Ibn Battouta a un poeta y estudioso andalusí, de origen granadino, Ibn Yuzayy (1321-1357).

A pesar de todo lo que conoció en sus viajes definió a Fez como “la ciudad más hermosa del mundo”.

En España su obra se tradujo, ya en el siglo XX como A través del Islam. Ibn Battuta. Una de sus últimas ediciones es con la traducción de Serafín Fanjul y Federico Arbós. Alianza Editorial, Madrid, 2005.

El manuscrito original se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.

El marroquí Ibn Battuta definido como "el mayor viajero de todos", superó con creces al viajero italiano (veneciano) Marco Polo (1254-1324), en al menos 20.000 kilómetros, ya que tardó más años en su viaje, además de que algunas fuentes apuntan que sus descripciones de los viajes son "más confiables y creíbles que las historias de Marco Polo".

Texto: Jesús Cabaleiro