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Política

De Tánger a los Andes: el papel de Marruecos en el apoyo a los movimientos de independencia en América Latina durante el siglo XIX

El estudio ‘De Tánger a los Andes: el papel de Marruecos en el apoyo a los movimientos de independencia en América Latina durante el siglo XIX’, elaborado por el profesor investigador Abdelhak Hiri, del Instituto Superior Internacional de Turismo de Tánger, se basa en una metodología histórica analítica, apoyándose en documentos diplomáticos, correspondencia oficial y trabajos de historiadores sobre las relaciones internacionales, tomando el caso colombiano como modelo central para comprender la naturaleza de la implicación marroquí.

Este trabajo examina y analiza el papel desempeñado por Marruecos en el apoyo a los movimientos de liberación en América Latina a principios del siglo XIX, en un contexto internacional marcado por la reestructuración del equilibrio de poder y el auge de los movimientos independentistas de los imperios coloniales europeos.

Esta investigación se centra en la dimensión estratégica de la política exterior marroquí.

Esta política no se limitó a reacciones puntuales, sino que se basó en una visión política temprana que buscaba expandir las relaciones internacionales de Marruecos más allá del ámbito europeo.

Se destaca cómo las misiones diplomáticas colombianas en el puerto de Tánger, particularmente las misiones de los navíos ‘Trinidad’ y ‘Pichincha’ entre 1825 y 1826, representaron un momento fundacional en el camino de acercamiento entre Marruecos y las repúblicas emergentes de América Latina.

La investigación también analiza la interacción de Marruecos con estas iniciativas bajo la presión diplomática europea, especialmente española, destacando la adopción por parte de Rabat de una delicada política de equilibrio que combina el respeto a los principios que sustentan el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la consideración de las consideraciones geopolíticas existentes.

Este enfoque concluye que contribuyó a construir un capital diplomático y simbólico de largo plazo, formando uno de los primeros pilares de lo que puede considerarse un núcleo temprano de la diplomacia Sur-Sur, estableciendo relaciones de cooperación y confianza cuyo impacto continuó en la política exterior marroquí durante las etapas posteriores.

Texto:

"El estudio se basa en una metodología histórica analítica, que se apoya en el examen de documentos históricos, correspondencia diplomática y obras de historiadores especializados en relaciones internacionales de esa época.

En lo profundo de los anales de la historia diplomática se encuentran hilos invisibles que conectaron las dos orillas del Atlántico hace décadas; se trata de la historia de un papel pionero marroquí que no fue casualidad, sino fruto de una visión estratégica temprana.

Este estudio profundiza en las profundidades de esa época, no solo para relatar los acontecimientos, sino para deconstruir y analizar los elementos fundamentales -históricos, políticos e intelectuales- sobre los que Marruecos construyó su apoyo al desarrollo de los pueblos de América Latina.

El estudio toma el caso colombiano como su centro de gravedad, no simplemente como parte de una relación bilateral, sino como un ‘modelo punta’ que encapsula la condición de convergencia.

Se registra cómo el apoyo se ha transformado desde un mero protocolo diplomático pasajero o un apretón de manos formal a un legado estratégico profundamente arraigado, que trasciende generaciones y gobiernos, para convertirse hoy en la base sólida sobre la que descansan los puentes de confianza entre Rabat y las capitales del continente latinoamericano.

El apoyo marroquí a los movimientos de liberación en América Latina: una genealogía de las relaciones transatlánticas

En los anales del siglo XIX, mientras el mundo redibujaba los mapas del poder, Marruecos no era simplemente un observador de las grandes transformaciones, sino que escribía, con letras de oro, una página honorable y única en la historia de la diplomacia internacional.

El apoyo de Marruecos a los movimientos de liberación en América Latina no fue un ‘regalo’ pasajero ni una posición dictada por las circunstancias, sino más bien una profunda filosofía política que brotó del suelo de principios marroquíes firmemente establecidos.

Estas posturas no fueron espontáneas, sino la encarnación de una profunda conciencia histórica en una nación que nunca ha comprometido su independencia. Marruecos emprendió este camino con la firme convicción de rechazar la hegemonía de las ambiciones de las potencias coloniales europeas.

Con gran perspicacia, el Estado marroquí reconoció que los gritos de libertad que emanaban del corazón de América Latina no eran más que un eco de su propia y prolongada lucha por preservar su soberanía. Por ello, no dudó en tender puentes de solidaridad a los líderes de los movimientos de liberación del ‘Nuevo Mundo’.

No se trató sólo de una alianza política, sino de un reconocimiento de que la liberación de esos pueblos es una extensión natural de la batalla por la dignidad que Marruecos ha librado durante décadas.


Marruecos a principios del siglo XIX: soberanía amenazada y deseo de abrir nuevos horizontes

Con los albores del siglo XIX, Marruecos se encontraba al borde de una compleja tormenta geopolítica, no era simplemente un estado que observaba el horizonte, sino una entidad que resistía las presiones coloniales que comenzaban a emerger con claridad: las presiones francesas y las ambiciones españolas y portuguesas que acechaban para socavar la soberanía marroquí y amenazar su integridad territorial.

En ese momento crítico, la retirada no era una opción, pero Rabat tuvo que hacer de la diplomacia un arma para romper las cadenas del aislamiento y destrozar los muros del asedio europeo.

En el corazón de esta situación asfixiante, el régimen marroquí observaba la creciente oleada de revoluciones transoceánicas. En el ‘Nuevo Mundo’, los pueblos luchaban por sacudirse el polvo del colonialismo ibérico; la misma mano que había intentado estrangular a Marruecos temblaba ahora ante los revolucionarios de Latinoamérica.

Aquí cristalizó la opción estratégica inteligente: girar hacia el lejano atlántico, no sólo como una postura de principios, sino como un golpe maestro en un tablero de ajedrez internacional.

Extender puentes de solidaridad marroquí hacia los revolucionarios latinoamericanos no fue una respuesta a emociones apasionadas ni a consignas entusiastas, sino que fue esencialmente una ingeniería de cálculos políticos muy precisos.

La mentalidad política marroquí se dio cuenta de que apoyar al ‘Nuevo Mundo’ era clave para alcanzar objetivos estratégicos que sirvieran a la soberanía nacional, el más importante, agotar las potencias coloniales tradicionales, especialmente España, desviando sus esfuerzos hacia sus colonias y aliviando su presión sobre las fronteras marroquíes.

Con esta audaz alineación, Marruecos también buscó demostrar que es un actor internacional independiente que no gira en torno a las grandes potencias, sino que tiene el coraje de tomar decisiones soberanas que van más allá de los dictados europeos.

Desde este punto de vista, estas relaciones no eran alianzas fugaces, sino más bien un intento consciente de romper la asfixiante ‘jaula’ europea mediante la construcción de una red de relaciones transoceánicas que diera a la diplomacia marroquí una nueva salida política y rompiera el asedio de aislamiento impuesto.

El despertar latinoamericano: los dolores del parto de la liberación y los desafíos de la construcción del Estado-nación

El período formativo de la historia latinoamericana marcó un punto de inflexión crucial en la formación de los estados poscoloniales. Al otro lado del Atlántico, los pueblos libraron una compleja lucha existencial para asegurar su derecho a la autodeterminación y liberarse de la dominación imperial española.

Este proceso de liberación fue liderado por un grupo selecto de líderes excepcionales, como Simón Bolívar (1783-1830), José de San Martín (1778-1850) y Bernardo O'Higgins (1778-1842), cuyos proyectos políticos encarnaban la voluntad de construir entidades independientes basadas en el principio de la soberanía nacional.

Sin embargo, la declaración de independencia fue solo el comienzo de un proceso mucho más complejo: la construcción de legitimidad internacional dentro de un sistema global dominado por las potencias europeas. Las nacientes repúblicas se enfrentaron a un doble dilema: la necesidad de reconocimiento internacional como garantía de su supervivencia y la necesidad de legitimar sus proyectos nacionales en un entorno regional e internacional cauteloso u hostil.

En este contexto, la diplomacia latinoamericana buscó activamente reconocimiento internacional y alianzas estratégicas, pero se topó con el muro de los intereses geopolíticos europeos. Ante este impasse, la atención se dirigió a actores internacionales no europeos, con Marruecos a la cabeza, dada su arraigada soberanía, su legitimidad histórica y su papel como puerta de entrada a los mundos árabe y africano.

Así pues, el avance hacia Marruecos no fue una decisión táctica, sino una estrategia consciente para trascender el eurocentrismo y forjar alianzas alternativas.

La expedición Trinidad (noviembre de 1825): El primer encuentro y los desafíos del reconocimiento

En noviembre de 1825, el puerto de Tánger presenció un acontecimiento insólito: la llegada de la goleta colombiana ‘Trinidad’, que enarboló por primera vez la bandera amarilla, azul y roja de la naciente República de la Gran Colombia. No se trató de una simple visita, sino de una audaz prueba de voluntad política entre una potencia árabe-islámica de larga tradición y una naciente república del Nuevo Mundo.

La misión, liderada por el capitán Johnson, estaba compuesta por unos sesenta hombres que portaban un claro mensaje político destinado a obtener el reconocimiento internacional del sultán de Marruecos, Mulay Abderramán ibn Hisham (1789-1859). La misión se enfrentó a la furiosa protesta del cónsul español en Tánger, quien exigió la expulsión de los ‘rebeldes’. Sin embargo, el sultán marroquí se negó a ceder a la presión y ordenó que la misión fuera recibida y escuchada.

Esta aceptación práctica representó un logro diplomático importante, sentando las bases para las relaciones futuras y confirmando la independencia de la toma de decisiones marroquí frente al chantaje europeo.

La evolución de la trayectoria diplomática: de la misión de Pichincha a la carta de Bolívar (1826-1827)

La expedición Trinidad constituyó el núcleo inicial del acercamiento entre Marruecos y Colombia, seguida por la expedición ‘Pichincha’ en 1826, liderada por el capitán John Maitland (1771-1836), acompañado por un comerciante denominado Tripland, quien actuó como intermediario.

Estas conversaciones dieron lugar a una histórica carta, fechada el 6 de junio de 1827, de Simón Bolívar al sultán Mulay Abderramán ibn Hisham.

La carta exigía el establecimiento de relaciones amistosas y armoniosas, otorgando a los buques colombianos el mismo trato que a los europeos y designando un cónsul colombiano en Marruecos. Su contenido revela una notable madurez diplomática, ya que trascendió la simple solicitud de reconocimiento y propuso una asociación integral basada en el principio de igualdad.

Reacción y contrapresiones marroquíes: maniobras entre intereses y principios

La iniciativa de Bolívar tuvo una respuesta fundamentalmente positiva por parte del sultán marroquí, quien reconoció los beneficios estratégicos de ampliar las relaciones internacionales. Sin embargo, este acercamiento se enfrentó a una intensa presión española, manifestada en repetidos intentos de socavarlo mediante amenazas y cuestionamientos a la legitimidad del liderazgo colombiano.

Frente a esta situación, Marruecos adoptó una delicada política de equilibrio, combinando no ceder a las presiones y evitar la confrontación directa, manteniendo abiertos los canales de comunicación, en una clara expresión de perspicacia diplomática que tuvo en cuenta tanto los principios como las circunstancias geopolíticas.

Legado diplomático: Establecer una tradición de solidaridad Sur-Sur

Las primeras iniciativas de Marruecos hacia América Latina constituyen un marco fundacional para una tradición diplomática institucional basada en una visión estratégica a largo plazo. Estas interacciones han contribuido a la acumulación de capital político y simbólico, fortaleciendo la imagen marroquí como un actor internacional fiable y con principios.

Este legado allanó el camino para una mayor cooperación bilateral y multilateral durante el siglo XX, cuando Marruecos aplicó una política de reconocimiento temprano de los estados independientes, afirmando su compromiso de respetar la soberanía, el derecho a la autodeterminación y rechazando la hegemonía.

Las raíces de la diplomacia Sur-Sur en la política exterior marroquí son evidentes en esta fase fundacional, que buscó reconfigurar la arquitectura internacional al margen de la hegemonía occidental. Este enfoque también dejó una profunda huella en la memoria política de América Latina, donde el apoyo marroquí se convirtió en un poderoso valor simbólico.

De este modo, parece que el apoyo de Marruecos a los movimientos de liberación en América Latina fue una inversión estratégica a largo plazo, que combinó pragmatismo político con profundidad moral y produjo un legado vivo de solidaridad que hoy se materializa en asociaciones estratégicas integrales basadas en el respeto mutuo y el beneficio común”.